miércoles, 23 de diciembre de 2009

Atípico es divertido

Estamos a tan sólo 8 días de concluir el año 2009. ¡Vaya año! Estuvo lleno de sorpresas y grandes retos. Si tuviera que hacer un resumen aparecerían un peso barato y un dólar débil, una economía débil pero estable, la influenza AHLNL (¡ay! jaja), la sequía, los impuestos, Juanito y las Juanitas, la adopción por parejas homosexuales o la guerra contra el narco. Pero hoy me centraré en lo que yo creo que es el legado más interesante de este año: la última llamada.

Hemos venido escuchando el mismo discurso durante los últimos años. México es un país privilegiado, con la economía más grande del mundo al lado, con abundantes recursos naturales, con un bono demográfico muy importante. Tenemos todo para crecer, únicamente falta que se hagan esas reformas estructurales y en 30 años estaremos en el pleno desarrollo. Eso nos dicen todos, eso lo sabemos todos. Sin embargo, nada se ha hecho. Este tan atípico y peculiar año inyectó un sentido de urgencia al discurso de los diferentes actores de la vida pública mexicana. Ante una caída muy fuerte en la producción nacional, ante un mercado crediticio más lento, ante la gravísima situación de las finanzas del gobierno, ante una pandemia, ante la violencia, parecía que era el momento adecuado para lograr las -tan- mencionadas reformas. Todo apuntaba a que los planetas se habían alineado y ponían al país en una situación alarmante para despertar el deseo del cambio en los mexicanos y que pudieran arreglar su patria. Pero -¡oh sorpresa!- nada pasó. Nada. Excepto la extinción de Luz y Fuerza. Los intereses de siempre, de los mismos, permanecieron intocables. El clientelismo sindical priísta no se está destruyendo. La mediocridad educativa permanece. Las empresas públicas siguen (y seguirán) siendo ineficientes. Los partidos políticos tienen todo el poder. Noroña grita en la tribuna. El peje hace asambleas legítimas. El fuero sigue existiendo. La rigidez laboral también. La que, a mi gusto, era la mejor oportunidad en décadas para impulsar el cambio, fue desperdiciada.

Sin el sentido de urgencia que inyectan el caos y el miedo, creo que será más difícil lograr los cambios. Sin embargo, optimista iluso yo, creo que 2010 puede ser positivo. El tema fiscal y de la reforma del Estado quedaron pendientes. Veo a un PRI interesado en prepararse el terreno para 2012, ya que ningún político (ni siquiera un priísta) es tan tonto como para desear un país caótico a su llegada. El PRI tendrá que buscar algunos cambios positivos. Veo a un PAN (incluido el presidente) aceptando antes de tiempo su derrota en las urnas y gastando todo el capital político que le pueda quedar, impulsando las reformas fiscal y del Estado. Veo a un PRD -y su chiquillería- en desintegración, en destrucción. Veo a una ciudadanía que ha visto que su opinión puede hacerse valer (pese a las limitaciones de nuestro sistema partidista y a la reciente "reforma" electoral), y para ello basta ver lo que lograron los twitteros contra el impuesto al internet. Veo a una ciudadanía emprendedora y trabajadora buscando ser más productiva. Veo a un Banco de México preocupado por la inflación a mediados de año. Veo a una inversión extranjera más activa que busca regresar a rendimientos atractivos como los de México. Veo un mercado de capitales más estable y que ha regresado a sus valoraciones reales. Veo un petróleo presionado a la baja tras la burbuja especulativa no sustentada con demanda. Veo la posibilidad de hacer los cambios que nuestro país necesita. Veo a mexicanos responsables que ya no corrompen, votan y leen. Veo que la aerolínea abrió un último vuelo para los rezagados y le está ofreciendo un boleto de ida a México con 50% de descuento. Ojalá todos tuvieran los mismos anteojos que yo. Ojalá pase la tarjeta y podamos comprar ese pase de abordar. Ojalá ya que lo compremos dejemos de poner pretextos y lleguemos a tiempo a registrar el equipaje. ¿Sucederá? Depende de cada uno de nosotros.

Felices fiestas.

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