El día de hoy nos despertamos con la noticia de un nuevo incremento al precio de la gasolina Magna. De estar en $7.77 el litro pasó a $7.80. Una semana antes había aumentado 5 centavos, pasando de $7.72 a $7.77. Estos incrementos -no programados- han suscitado gran "polémica" en los medios de comunicación y hasta el enojo de comunicadores y seguramente de uno que otro ciudadano. Esta "polémica" me genera una impotencia difícil de describir. El hecho de que la mayoría de los mexicanos siga reaccionando de manera negativa a estos aumentos me recuerda la nula educación en materia económica de los mexicanos y que continuamos viviendo bajo el modelo sociopolítico de la generación pasada: exigir y culpar de todo al gobierno.
La gasolina, como cualquier otro bien, es adquirida por los agentes económicos -de manera libre- cuando los individuos (u organizaciones) perciben una mayor utilidad por dicho bien que por los billetes en su cartera. Siendo más estrictos, lo que realmente está en juego es el costo de oportunidad. Cuando yo gasto $7.80 en un litro de magna, considero que es mejor gastar ese dinero en canjearlo por ese bien que guardar el dinero bajo la cama, dárselo a mi hijo para que compre dulces, invertirlo en acciones de Homex o gastarlo en una bolsa de Sabritas. Estoy renunciando a todas esas opciones por que percibo mayor utilidad en el litro de gasolina que en la felicidad momentánea de mi hijo al consumir dulces. Así funciona la demanda. En una economía de mercado, la oferta responde a la demanda. Si el precio de $7.80 es muy alto, probablemente alguien con el capital y la determinación suficientes, buscará la manera para producir su propia gasolina y venderla unos centavos más barata, con el fin de atraer mercado. Cualquier persona con un curso básico de economía entenderá que estamos hablando de las leyes de la oferta y la demanda. Desgraciadamente, en el caso de la venta de gasolina en nuestro país, es imposible regirse por dichas leyes. PEMEX es el único autorizado (por la Constitución) a explotar el petróleo, transformarlo en gasolina y venderla a los mexicanos. A las personas que no logren entender que esto, en lugar de generar un beneficio para el país, representa ineficiencia en la asignación de recursos, una economía menos activa y, finalmente, una injusticia para todos los mexicanos, les recomiendo tomar un curso de economía básica (¿habrá 'Economics for dummies'?).
Incluso para los que no entiendan esto, aquí va un argumento más de porque siento esa frustración y preocupación al escuchar "quejas" contra el aumento. Las personas que consumen gasolina son aquellas que poseen un auto, además de todas las organizaciones y personas con necesidades de transporte. Toda aquella persona que no gasta en gasolina de manera directa, aunque podría sentir un impacto en su bolsillo por un incremento en otros precios -costo del boleto de camión, por ejemplo-, no se verá afectada de manera importante. En México, el precio de la gasolina no es real (en E.U.A. el precio de la gasolina equivalente a la Magna es de $8.82, en Canadá de $11.78). Está subsidiado por el gobierno. En el último presupuesto de ingresos, el rubro Gasolinas, aparece negativo. Es decir, el gobierno gastará una importante suma de dinero en su afán de mantener el precio bajo. Ese dinero proviene de todos y cada uno de los contribuyentes. Imaginemos que yo no poseo un automóvil, de hecho, tampoco utilizo el autobús pues mi trabajo está a una cuadra de mi casa. Yo pago mis impuestos puntualmente (no tengo de otra). Yo, de manera involuntaria, estoy dando -transfiriendo, regalando- dinero a mi vecino ricachón, poseedor de una flamante Hummer del año, de manera constante (cada que va a cargar combustible). Más aún, el obrero de la fábrica EQUIS, quien gana 2 salarios mínimos, también está dándole dinero a ese ricachón (aunque no pague ISR directamente, finalmente paga IVA). ¿Es esto justo?
Lo justo sería que el precio estuviera alineado a la realidad y no hubiese necesidad de otorgar ningún subsidio. De hecho, si de justicia hablamos, lo justo sería que los mexicanos tuvieramos la opción a ELEGIR a quién comprarle la gasolina. Es decir, que la oferta fuera dada por el mercado y no de manera unilateral por el gobierno. Es decir, que se privatice la industria petrolera nacional. Una más de mis ideas guajiras. Ah, por cierto, la idea guajira original es un poquito menos ambiciosa: que se incluyan 2 páginas explicando las leyes de la oferta y la demanda en algún libro de texto gratuito de quinto de primaria. ¿Leerá este blog el Sr. Lujambio?
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