martes, 9 de noviembre de 2010

¿Y la reforma fiscal? ¿Ya se nos anda olvidando?

El ser humano, inevitablemente social, se ha organizado en Estados que cumplen una labor vigilante. El Estado es un vigilante de que nuestros derechos más básicos, fundamentales, legítimos y naturales no sean pisoteados por el prójimo. Por ejemplo, nadie puede negarme el derecho a pensar lo que yo quiera, ni a expresarlo. De la misma manera nadie puede negarme el derecho a la propiedad, el cual nace a través de mi trabajo. Finalmente, el Estado debe de garantizar un marco legal que cuide estos derechos, no haga distinciones entre personas (¡parte fundamental!) y penalice al que no cumpla dichas leyes. Es para eso que queremos un Estado. Es esa su tarea, su asignación y la única razón por la que, gozosos, pagamos impuestos.

Hablemos de impuestos, como ya he mencionado, todos pagaríamos muy felizmente nuestros impuestos si supiéramos que el gobierno hizo su tarea (ya definida en el párrafo anterior). Es evidente que no la ha hecho y que, además, ha tenido el cinismo de ponerse a hacer otras cosas que no pedimos. Es decir, ¡dejó de hacer el ensayo que tiene que entregar mañana y se salió de fiesta con los amigos! Independientemente de si ha hecho o no la tarea, veamos cómo nos cobra los impuestos el gobierno. Resulta que a quienes ganan menos de cierto monto, no les cobra impuestos. Resulta que a quienes se dedican a actividades de transporte público les cobra una tasa menor de ISR. Resulta que a quienes compran medicinas no les cobra impuestos pero a los que compran zapatos sí. Resulta que en la frontera se paga menos IVA. ¿Se cumple el principio constitucional de ser todos iguales ante la ley? ¿No hay distinciones entre integrantes del mismo, sí, del mismo, Estado? ¿Es esto justo? ¿Es esto válido? ¿Es legítimo que se nos obligue a pagar los impuestos de otros? Esto constituye un pisoteo de nuestros derechos, en detrimento del patrimonio de unos (profesionistas, empleados, empresarios) para beneficio de otros (productores del campo, transportistas, quienes gastan más en comida y medicinas, habitantes de la franja fronteriza, empresarios que viven en la economía informal). ¿Son unos más que otros? ¿Dónde queda el principio constitucional de igualdad ante la ley?

Por esta razón, la forma de cobrar impuestos más cercana a lo ideal que hasta ahora he descubierto es a través de un impuesto alto al consumo sin excepciones y un impuesto bajo al ingreso. Es decir: IVA generalizado alto y un ISR/IETU generalizado bajo. Esta forma de cobrar impuestos sería la más sencilla y barata -además de ser justa- pues el gobierno cobraría impuestos a través de agentes (empresas) que estarían recaudando el IVA al incluirlo en el precio de venta de sus bienes/productos. Si esta idea (ya comentada por miles antes de mi) es tan buena, ¿por qué llevan tantos años hablando del tema sin aprobarla? ¿Por qué el PRI se opone tajantemente a generalizar IVA para alimentos y medicinas? ¿Por qué los diputados del PRI se han opuesto a un ISR igual para todos, incluidos los transportistas y productores del campo? ¿Por qué el PRD dice que el generalizar el IVA afectará a los más pobres y eso no podemos permitirlo? Simplemente porque los integrantes de dichos partidos políticos no son estúpidos como para descuidar a sus clientes. Al igual que cualquier negocio, lo que están haciendo es satisfacer a sus clientes -lo que les asegura la supervivencia en el mercado político. Los clientes del PRI son las organizaciones del campo, los sindicatos de transportistas y las centrales obrero-campesinas. Los clientes del PRD son las personas generalmente sin comprensión de fenómenos sociales sencillos, sin entendimiento de las variables económicas y con una situación de insatisfacción de sus necesidades más básicas, constituyéndose así en la masa más fácilmente manipulable. Bien, estos partidos están pensando en obtener los votos que necesitan para perpetuarse en el poder y apropiarse de jugosas rentas (así sean nada más las salariales) y no en un esquema fiscal que privilegie la equidad, la justicia, el dar y exigir a cada quien lo que le corresponde, no más y no menos. No soy panista ni de ningún otro partido. De hecho, en otras ideas libres libres me he manifestado en contra de posturas de políticos panistas. Sin embargo, en el asunto fiscal, debo manifestar mi total apoyo a aquél que sugiera una reforma que implique la aplicación de los principios básicos de igualdad y justicia en la forma de cobrar impuestos (IVA generalizado). Quienes han hecho esto han sido exclusivamente los panistas, ¿estamos dispuestos a seguir votando por PRI/PRD? O ¿valdrá la pena votar por el PAN para que obtengan mayoría legislativa y cambien estas leyes en 2012? La respuesta la tienes tu, estimado lector, pero es evidente que el PRI y el PRD seguirán haciendo todo por mantener un esquema tributario inequitativo, injusto, ineficiente y obsoleto.

P.D. Invito a todos los lectores a dejar su opinión en el área de comentarios, sobre todo si no están de acuerdo con parte o la totalidad de mis argumentos.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La Mugre Ge

El pasado 27 de enero, el Consejo General Universitario (CGU) aprobó bajo protesta el presupuesto de la Universidad de Guadalajara (universidad pública mantenida con recursos federales y estatales) para el 2010. La cifra alcanzó siete mil cuatrocientos ochenta y cuatro millones setecientos nueve mil seiscientes treinta y un pesos (7,484,709,631 pesos). Es decir, el 27 de enero, los mexicanos -y en especial los jaliscienses- vimos como le asignaban más de siete mil millones de pesos a la UdeG y no dijimos absolutamente nada. Yo no fui la excepción pero me gustaría rectificar mi anterior pasividad.

Durante el último mes, la UdeG se ha manifestado a favor de obtener más recursos para garantizar educación media superior y superior para la juventud jalisciense. Primero, me gustaría dejar bien en claro que realmente no se quién es la "UdeG". ¿Son los 86 mil estudiantes de nivel superior y de posgrado? ¿Son los estudiantes de preparatoria? ¿Son los profesores? ¿Son las planillas estudiantiles y el sindicato de trabajadores de la Universidad? ¿Son los 'Padilla'? No lo sé, ni pretendo descubrirlo en esta ocasión pero, cuando de ahora en adelante me refiera a la UdeG, imaginemos que se trata de toda la comunidad de dicha casa de estudios quienes, en un frente común, se unen para solicitar mayores recursos al pueblo (pues eso son los impuestos, dinero propiedad de los individuos, legítimamente -y legalmente- ganado que se les expropia a cambio de la garantía de que sus derechos naturales son protegidos). Bien sabemos que no es así, que hay mafias, grupos de poder, clientes, sindicatos y demás organizaciones zánganas que buscan como seguir mamando de los recursos públicos, sin embargo, como hoy no tengo evidencia para comprobarle lo anterior a usted, lector, asumiremos lo contrario.

¿Alguna vez se ha preguntado por qué pagamos impuestos? Originalmente se cobraban impuestos bajo el argumento de que los reyes tenían origen divino y, entonces, todos los demás "plebeyos" debíamos de trabajar, rendirles homenaje y además mantenerlos. Sin embargo, tras la aparición de las ideas de Ilustración y tras la Revolución Francesa, esto ya no pareció hacer mucho sentido. Fue así que se creó la idea del pacto social según el cual los gobernados estamos dispuestos a otorgar una parte de nuestro trabajo (impuestos) a cambio de que el gobierno nos provea un marco jurídico justo y eficiente que castigue a aquél que limite nuestros derechos naturales a la vida, la libertad y la propiedad. Es decir, ante las nuevas ideas de libertad, decidimos renunciar a una pequeña parte de nuestra libertad y propiedad, a cambio de la garantía de que nadie puede pisotear nuestros derechos naturales. Renunciamos a nuestra libertad al aceptar que podemos hacer lo que nos plazca, siempre y cuando nuestras acciones no dañen los derechos naturales del prójimo. Renunciamos a nuestra propiedad al pagar impuestos. Sin embargo, nuestra Constitución Política, tan socialista como corporativista, establece que todos tenemos derecho a la educación pública y gratuita. Bajo este argumento, han sido muchos los gobiernos que han buscado ofrecer educación superior a absolutamente todos los mexicanos. Pero, ¿de dónde obtienen esos gobernantes el dinero? El dinero proviene de los impuestos que los mexicanos pagamos a cambio de que se nos garantice la protección de nuestros derechos naturales. La educación superior pública, gratuita y universal ¿es una manera muy creativa, que los gobernantes han descubierto, para proteger nuestros derechos naturales a la vida, la libertad y la propiedad? La respuesta es un definitivo "no". Las pretensiones demagógicas de los gobernantes de garantizar acceso gratuito y universal a los servicios de educación superior no tienen relación alguna con la protección de nuestros derechos. En realidad lo que está pasando es que el gobierno nos quita dinero a unos cuantos (a muy pocos, por cierto) para después transferirlo a otros (muchos, por cierto). Es decir, el gobernante nos "bolsea" y nos quita unas monedas para dárselas a otros pues hay que hacer "justicia social". ¿Es esto válido? ¡De ninguna manera! El gobierno se disfraza de benevolente, altruista y progresista y hace acciones "buenas" con dinero ajeno, dinero que nadie le otorgó con ese fin. El hombre es un ser altruista y virtuoso por naturaleza propia, por lo cual tiende a hacer el bien. Esto es totalmente legítimo siempre y cuando las acciones de altruismo, generosidad y ayuda al prójimo sean producto de una decisión libre. Que el gobierno utilice nuestros impuestos para dar educación a otros no es una decisión libre y, por lo tanto, esta "ayuda a los desprotegidos" y la "justicia social", son razones inválidas para cobrar impuestos.

Aunque ya hemos invalidado las razones que, dicen los políticos, justifican el gaso en educación, ahora analicemos algunas cifras de la UdeG más de cerca. La UdeG recibió 7,484,709,631 pesos mexicanos para 2010. De esta cantidad, 1,375,858,000 pesos se destinaron a la educación media superior (preparatorias). Es así que la educación superior y de posgrado se quedó con 6,108,851,631 pesos. Según el informe de actividades 2010 del rector interino Dr. Marco Antonio Cortés Guardado (página 19), la matrícula en "2009/10 es de 86,792 alumnos". Si hacemos una sencilla división encontraremos que el presupuesto por alumno en 2010 ascendió a la impresionante cifra de 70,384.96 pesos. Así es, mantener a "nuestros" jóvenes en la UdeG nos cuesta 70 mil pesos por año. Es decir, la carrera universitaria en la UdeG tiene un costo de $316,732.33, asumiendo que se termine en nueve semestres. Para los que todavía no se den cuenta de que es extremadamente caro, a continuación algunas cifras que servirán como punto de referencia. Una carrera en la Universidad Iberoamericana Puebla sale en alrededor de 320 mil pesos (apenas 3 mil pesos más que en la UdeG). En la UPAEP (también de Puebla) el costo total de la licenciatura es de 188 mil pesos. En el campus Guadalajara Sur de la UVM el costo total asciende a 331,740 pesos. En realidad, la cantidad de dinero que recibe la UdeG está al mismo nivel que la colegiatura que se cobra en algunas universidades privadas (de buen nivel académico por cierto). Evidentemente el servicio, la calidad de la educación, la calidad de las instalaciones y el servicio es mucho mejor en las universidades privadas ya mencionadas que en la pública. Lo que muchos no entienden es que esto responde a un principio natural del comportamiento humano: ninguna persona cuida el dinero ajeno a menos que tenga incentivos para hacerlo. ¿Cuáles incentivos tienen los directivos y maestros de la UVM para hacer bien su trabajo y satisfacer al cliente? Que si no hacen bien su trabajo, serán despedidos y se quedarán sin empleo. Así es, a diferencia de la secretaria del CUCEI, del rector de la UdeG y del maestro de Economía del CUCEA, los maestros y demás personal de la UVM Campus Guadalajara Sur deben de cuidar su empleo y deben de dar los resultados que les exija la alta dirección si es que quieren permanecer en su empleo. La gran diferencia es que la alta dirección de la UVM cuida a sus clientes, buscando satisfacerlos plenamente, pues saben que el capital de los accionistas tiene que cuidarse y aprovecharse de la mejor manera si quieren tener éxito profesional ellos mismos. Por el otro lado, a los trabajadores de la UdeG les vale cómo se utilicen los recursos, por la sencilla razón que no tienen qué responder a nadie por la eficiencia de estos. En realidad, los administradores de la UdeG están gastando dinero ajeno y no tienen que dar cuentas de ello, ¿cuál será el resultado? Una muy ineficiente utilización de esos recursos.

Entonces, no sólo es inválido quitarle a alguien el producto de su trabajo con el argumento de hacer "justicia social" y entregarlo a otra persona, sino que, además, el mantener una universidad pública como la UdeG va en contra de cualquier lógica económica pues jamás logrará ser tan eficiente (en el largo plazo) como la propia iniciativa privada que arriesga su capital. ¿Y todavía estamos preguntándonos si hay que liberar más recursos para la UdeG? Hacerlo sería ir en contra de los derechos naturales (inalienables) del hombre a la libertad y la propiedad, en contra de toda lógica económica y en contra del pacto social que da origen a esta abstracción que conocemos como México.

Fuentes bibliográficas:

Cortés, M. (2010). "Segundo Informe de Actividades 2009-2010". Rectoría General UdeG. Disponible en <http://www.rectoria.udg.mx/documentos/mensaje_inf2010.pdf>.
Hernández, M. (2007). "El Tec y la UDLA con colegiaturas más caras que universidades de EU". E-Consulta. Disponible en .
UVM. (2010). "Cuotas". Universidad del Valle de México. Disponible en .

viernes, 20 de agosto de 2010

Libertad de Elegir

El Código Penal Federal en su título séptimo sobre los Delitos contra la Salud, reconoce como delito el producir, transportar, traficar, comerciar, suministrar (aún gratuitamente) o prescribir alguno o varios de los narcóticos señalados en la Ley General de Salud. En el marco de la Ley General de Salud, los legisladores han elaborado una lista de las sustancias prohibidas. En realidad, la actual legislación mexicana no reconoce como un delito el consumir cualquiera de dichas sustancias prohibidas. Es decir, las drogas no se pueden producir, poseer, distribuir o vender, pero sí se pueden consumir. Entonces, podemos afirmar que el Estado mexicano reconoce la absoluta libertad de los individuos para consumir las sustancias que ellos quieran consumir. Obviamente esta inferencia sería muy inocente e ingenua de nuestra parte pues, si está prohibido intercambiar esas sustancias ¿cómo habría un individuo de conseguirlas? Evidentemente la única manera de conseguirlas sería produciéndolas él mismo, lo cual, una vez más, representaría un delito federal. Tras estos pertinentes acotamientos, podemos, ahora sí, afirmar que los legisladores mexicanos han instalado una política prohibicionista para el consumo de drogas como la marihuana, el peyote, la cocaína, la heroína, entre otras. Es decir, las actuales leyes limitan la libertad de los mexicanos a consumir las sustancias que ellos deseen, independientemente de si son consideradas peligrosas o no. Veamos qué tan válido o inválido es esto.

¿Alguna persona o institución/organización tiene el poder de prohibirnos hacer algo? La respuesta es sí. Hay una entidad que reconocemos como Estado a la que le hemos confiado la tarea de prohibir y castigar. Esta entidad, es la única autorizada a prohibir cosas en contra de nuestra voluntad. Veamos por qué. Un patrón nos puede prohibir ingresar a "facebook" durante nuestras horas de trabajo, pero esto no va en contra de nuestra voluntad (ni libertad). En realidad, nosotros aprobamos esa prohibición pues decidimos renunciar a entrar a esa red social a cambio de mantener una relación laboral con el patrón. Es decir, en pleno ejercicio de nuestra libertad (y de mutuo acuerdo), decidimos mantener esa relación, con sus limitantes y beneficios. Sin embargo, las prohibiciones que aplica el Estado son aplicables para todos los que viven bajo ese pacto social. ¿Pacto social? La única razón por la que un Estado existe es porque los individuos se sentían desprotegidos ante el mal que el prójimo les pudiese causar. Sin un gobierno, mi vecino -más fuerte que yo- podría venir a mi casa, entrar y saquear mi caja fuerte llena de joyas y dólares sin enfrentar consecuencia alguna por este acto. Por esta razón, los individuos deciden unirse y renunciar a una parte de su trabajo (impuestos) a cambio de contar con un Estado vigilante de los derechos naturales a la vida, la libertad y la propiedad. Es decir, queremos que el Estado nos garantice que el prójimo no nos quitará la vida, limitará nuestra libertad o lastimará nuestra propiedad y que, en caso de que lo hiciese, aquél recibirá una pena y a nosotros se nos resarcirá el daño en la medida de lo posible. Para que el Estado pueda garantizar esto, le hemos conferido el poder de crear y aplicar leyes que prohiban cosas como matar, robar, violar, esclavizar, es decir, que prohiba, mediante leyes, todas aquellas acciones que van en contra de los derechos naturales y fundamentales del hombre: a la vida, la libertad y la propiedad.

Ante esta exposición de hechos innegables surge la cuestión sobre si el Estado está ejerciendo su tarea legítima de cuidar nuestros derechos naturales al prohibir la producción, comercio y posesión -y por lo tanto consumo- de estas sustancias. Ya que el Estado es el único autorizado a prohibirnos algo en contra de nuestra voluntad y ya que le hemos conferido este poder, de común acuerdo, para que cuide nuestros derechos naturales a la vida, la libertad y la propiedad, la pregunta es si esta prohibición de las drogas cuida nuestros derechos naturales. La respuesta es un rotundo NO. El drogarse, estar marihuano, o bajo el acelerante efecto de la cocaína no daña ni la vida, ni la libertad, ni la propiedad de nadie. Habrá quienes instantáneamente argumenten que la cocaína sí daña la vida del que la consume. Asumamos que esto sea cierto, de todos modos la prohibición es inválida pues "contratamos" al Estado para que nos proteja del daño que otros nos puedan hacer a nuestra persona y no del daño que otros, en pleno ejercicio de su libertad, se realicen a sí mismos. Decía uno de los pocos auténticos liberales mexicanos que "el respeto al derecho ajeno es la paz". ¿Está el gobierno respetando el derecho ajeno a ingerir las sustancias que se desee? No. Sin este respeto, no habrá paz. ¿Está el drogadicto atropellando el derecho ajeno al ingerir las sustancias que él quiere? No, entonces la intervención del gobierno en el asunto es ilegítima. Drogarse no es, por sí mismo, un acto que limite los derechos fundamentales de los demás y, por lo tanto, debe de ser despenalizado, autorizado y permitido en todos los niveles.
¿Hay mexicanos que prefieren que el gobierno "cuide de sus hijos", prohibiendo las drogas, en lugar de ellos mismos encargarse de ese cuidado? Sí. ¿Hay hombres que prefieren que el gobierno "cuide de ellos", prohibiendo las drogas, ante el inexistente riesgo de que alguien más se drogue (siempre en ejercicio de su libre albedrío)? Sí. ¿Los que no somos mediocres, flojos ni atenidos, estamos dispuestos a pagar (a través de nuestros impuestos) el free ride de esos mexicanos irresponsables y flojos hasta para cuidar a su propia descendencia? No todos. Se trata de proteger el derecho a la vida, la libertad y la propiedad por sobre todas las otras cosas. Quiero un gobierno limitado, que me deje vivir y únicamente me proteja del daño que otros puedan hacerme, quiero un gobierno que deje de hacer cosas que nadie le encomendó (como otorgar créditos, subsidiar a las orquestas filarmónicas, explotar petróleo, garantizarme "seguridad social" o impartir educación gratuita), quiero una sociedad civil fuerte y que se autoregule, sean cuales sean las consecuencias de esto. Quiero libertad. Quiero libertad en los hechos. Son puras ideas libertarias, bien bien libres.

jueves, 1 de julio de 2010

Demagogia Pura

Entro a facebook y noto un pequeño banner publicitario del lado izquierdo de la página principal que dice "No al incremento en insumos. Cuidamos tu economía. En Veracruz vamos juntos, adelante con Javier Duarte!" El anuncio publicitario es para promover la candidatura priísta para la gubernatura del estado de Veracruz. Así que el candidato para gobernador promete que cuidará la economía frenando el incremento de insumos. Me imagino que se refiere a los precios administrados como el gas, la gasolina, la energía eléctrica, entre otros. Este individuo está utilizando un poder estúpido -como lo es el poder determinar los precios desde el ejecutivo- con un marcado tinte demagógico. En realidad no puede ser llamado político pues no busca el bien común. Lo que busca es obtener votos y llegar a la gubernatura. Cualquier persona que haya estudiado (y entendido) un curso básico de economía no me dejará mentir al afirmar que el administrar los precios con un decreto va en detrimento del bienestar general. Los precios los determina el mercado. Lo que este señor debería estar promoviendo, si de verdad le interesa el bienestar de los veracruzanos, es la eliminación de los monopolios estatales, el fin de los precios administrados, la desregulación de los mercados. Es decir, si en verdad va a cuidar la economía de los veracruzanos, buscaría la manera de garantizar la libertad económica. La libertad para la toma de decisiones económicas (como decidir qué y cuánto producir, a quién comprarle, a quién y en cuánto venderle) es la manera más justa y eficiente para generar mayor bienestar en la población. Este individuo se aprovecha de otro más de los rasgos culturales del mexicano: el odio y rencor a los ricos. El mexicano siempre busca un chivo expiatorio (obviamente nunca es él mismo) para sus problemas. En este caso, el veracruzano promedio culpa al gobierno -probablemente al ejecutivo federal, probablemente esta culpa recae sobre una sóla persona: Felipe Calderón- de que los precios de la gasolina suban y, por ende, culpa de sus problemas económicos al PAN. Con demagogia pura, Duarte promete ya no subir los precios y se proyecta como el salvador, el mesías que ha venido a rescatar a los veracruzanos. Ni hablar. Esto no es cuestión de educación, es cuestión cultural. El mexicano se embelece ante la demagogia sin importar su color, raza, sexo, creencias o grado escolar. Un compañero de Finanzas del ITESM puso "Me gusta" a este anuncio publicitario de Facebook. Insisto, la escuela no arregla nada, se trata de un factor de carácter cultural que se tiene que destruir y sustituir con otros valores como la libertad, la responsabilidad, la proactividad, la congruencia y el trabajo. Lo peor del caso es que, con todo y esto, y con todo y los audios del actual gobernador veracruzano (donde claramente se denota la intervención desde el Palacio de Gobierno en el proceso electoral), es muy probable que gane el PRI. Ay, mexicano sin memoria, ¿qué no ya habías aprendido que la economía no la puede controlar el gobierno? ¿Y las crisis? ¿Y las inflaciones? ¿Y las devaluaciones? ¿Y los setenta años de cacicazgo, clientelismo, abuso, ratería, porquería, opresión y esclavitud? Nuestra mente cortoplacista nos vuelve a traicionar.

jueves, 17 de junio de 2010

Crónicas de Cursos de Verano

Qué dolor de cabeza, qué rabia, qué coraje y qué impotencia sentí la semana pasada. En mi clase de Literatura Contempóranea (una materia optativa de mi Licenciatura en Finanzas) me enfrenté a una mediocre, necia y estúpida maestra (sí, tiene maestrías) que, con pocos e inválidos argumentos, sacó a relucir sus "convicciones" "socialistas", intervencionistas, proteccionistas y retrógradas.

Tengo el privilegio de estar estudiando mi licenciatura en una de las universidades de mayor prestigio en el país y latinoamérica. Dicha institución -además de ser, de las mexicanas, de las más reconocidas en el extranjero- es relacionada con el emprendurismo, las técnicas y tecnologías más avanzadas y una visión empresarial y socialmente responsable. Sin embargo, es precisamente en esta reconocidísimo y distinguidísima universidad donde me he encontrado con profesores por demás mediocres, desinformados, mentirosos y tendenciosos. Es obvio que hasta en el mejor y más tecnificado huerto encontraremos plagas y frutos podridos, la cuestión es cuál es la tasa de pudredumbre y creo que el ITESM -al menos en el campus Guadalajara- ha descuidado este aspecto. Pero en esta ocasión no se trata de criticar a esta institución, la crítica va a un público más amplio: los trasnochados creyentes en el papel proteccionista (mal entendido) del Estado.

En publicaciones anteriores ya he explicado algunas de las razones que, a mi juicio, causan esta actitud del mexicano -en lo particular- o de cualquier otro ciudadano del mundo -en lo general. Sin embargo, en esta ocasión, el tema es más bien particular. Todo comenzó cuando, en la mencionada clase, se discutió el capítulo 4 del ensayo El Laberinto de la Soledad, escrito por el único mexicano reconocido con el Nobel de Literatura: Octavio Paz. Pues bien, como ya sabrán quienes lo hayan leído, este capítulo (el más famoso del ensayo, quizás) presenta un sesudo e interesante análisis de los procesos sociales por los cuales el mexicano es quien es. Identificando las raíces históricas de su comportamiento, Paz presenta varias tesis que explican y retratan la identidad del mexicano. Una de las características del mexicano es el afán de "chingarse al otro" nada más, así, sin otra razón más que joderle la vida al prójimo y sentirse mejor al no estar tan jodido.

Pues bien, la maestra nos invitó a buscar noticias que sustentarán su teoría de que la argumentación del ensayista era todavía vigente al inicio de la segunda década del siglo XXI. Fue así que un brillante compañero presentó una noticia sobre la huelga en Cananea (napistas). El alumno, probablemente con otras palabras, dijo que esto era evidencia viva de que el mexicano nada más friega al otro por fregar, dañando al otro y a sí mismo (características del estúpido) pues el estar en huelga hacía perder a los accionistas y a los propios empleados (aunque en el corto plazo no lo percibiesen así). Mi compañero se limitó a hacer esta observación. Yo no pude quedarme callado y tomé rápidamente la palabra, aplaudiendo el comentario de mi compañero: "¡claro! El asunto es que nuestras leyes permiten estos abusos y daños a la libertad y propiedad privada, es necesario cambiar las leyes para reconocer la libertad natural de las personas (y, por lo tanto, de las organizaciones). Nuestra ley laboral socialista coarta esta libertad." Bueno, quizás no lo dije así y las palabras salieron más atropelladas, pero algo similar sí fue. Otro compañero tomó la palabra diciendo que no, que había cosas que cuidar como que un empleado de la empresa X llevara ya un año laborando pero siguiera con contratos provisionales de 3 meses. Antes de poder contestarle, la maestra (que cuenta con 3 maestrías cursadas en el propio ITESM) no tardó mucho en unírsele y decir que "por ejemplo, yo, no tengo asegurado que el próximo semestre daré clases en el tec, ¡qué patrón tan abusivo! Me tiene en la incertidumbre de si voy a poder pagar el kinder de mi hijo, eso no se vale y la ley debe de protegernos".

Creo que mis pulsaciones por minuto se aceleraron al punto de un paro cardíaco pero logré frenar mis impulsos (a medias la verdad) y busqué la manera de explicarles a mis compañeros y maestra el grave error de juicio que estaban cometiendo. En realidad no es que yo haya descubierto el hilo negro, es algo muy sencillo y que ya ha existido en el pasado. La única razón de existir del gobierno es cuidar los derechos naturales a la vida, la propiedad y la libertad (en ese orden). Rápidamente surgirá la cuestión ¿y por qué el gobierno debe de cuidarme de eso? Pues por que es un CONTRATO SOCIAL que establecimos los seres humanos. Cuando vivíamos en un estado natural, el prójimo era capaz de dañarnos, ya fuera en nuestra vida, propiedad o libertad y se salía muy fácilmente con la suya. Bastaba que tuviera control del fuego, una lanza más afilada o una mayor masa muscular para que nos volviéramos vulnerables a su poder. Fue así que la sociedad decidió darle autoridad a un órgano gubernamental para protegernos del daño que los demás nos causaran. Para ello, surgieron leyes. El gobierno, entonces, cuida que dichas leyes se cumplan. Las leyes se limitaban a cuidar, insisto, la vida, la propiedad y la libertad (nada de decirnos qué comida chatarra pueden comer los niños, hasta qué horas un bar puede vender alcohol, qué drogas podemos consumir o no, quiénes se pueden unir en matrimonio, etc.). Pero, ¿por qué extraña razón un grupo de personas, en este caso el gobierno, haría dicha labor gratuitamente? Así es, estimado lector, por ninguna. Fue por eso que surgieron los impuestos, es decir, una contribución obligatoria para cubrir los costos de proteger nuestros derechos naturales. El contrato social es ese: renunciar a una parte de nuestro ingreso a cambio de la garantía de que nuestros derechos naturales serán resguardados y, que en caso de ser transgredidos, habrá un resarcimiento de los daños (en la medida de lo posible, la vida, por ejemplo, no nos la podrán regresar) y una pena para el que los ha causado (cárcel, multa, etcétera). ¿Entonces, por qué otra razón el gobierno debería de crear leyes que no sea para proteger estos derechos naturales? ¿Las minas de Cananea están dañando alguno de estos derechos de los obreros? ¿Por qué extraña razón debería el gobierno de obligar a una organización a otorgar un contrato de plazo indeterminado a un empleado? ¿Acaso alguien obligó al empleado a tener una relación laboral con esa empresa? ¿No ha sido el empleado quien, en el legítimo ejercicio de su libertad, ha aceptado iniciar dicha relación laboral con la empresa X? ¿Si no le conviene, por qué no renuncia al acuerdo? (Una rápida anotación, alguien podrá decir en este momento "porque si no se queda sin comer", recordemos que los mercados se autoregulan mediante las leyes de oferta y demanda. El mercado laboral no es la excepción, si una empresa trata mal a sus empleados o paga muy poco sueldo, rápidamente enfrentará problemas para llenar sus plazas y se verá obligado a mejorar sus ofertas laborales.) La maestra y mis compañeros -con excepción del compañero que hizo el comentario inicial y que, salvo aprobar mis afirmaciones con movimientos de la cabeza, no actuó a favor o en contra- dijeron que mis argumentos eran inválidos. Afortunadamente, cuando les pedí argumentos válidos, lo único que se limitaron a decir fue "¿alguna vez has trabajado fuera de una empresa familiar, conoces la realidad?", "las leyes en México no sirven para nada", "aunque se reformara la ley del trabajo sería lo mismo" (este, el más inválido de todos, es mi favorito pues, además, lo dijo, adivinen... la maestra de 3 maestrías), "a mi papá lo tuvieron recluso 3 meses sin presentarle cargos, cuando vivas eso puedes hablar", "¿y los pobres qué?", "a los pobres los tiene que proteger el gobierno". En fin, salí enojado, frustrado, con mil palabras en la boca, pero -sin duda alguna- triunfante de esta primer batalla. Esto ocurrió la semana pasada, ayer, en la misma clase, el maestro (ahora va un maestro a dar la clase, luego les cuento más) lanzó al aire la pregunta "¿cuál es el principal bien que debe de garantizar el Estado?" Yo iba entrando al salón pues había salido al sanitario y respondí "seguridad". El maestro dijo "no, educación y salud". Además del evidente error gramatical de referirse a dos con un pronombre singular (el), el maestro cometio un grave error de juicio. Ya hablaré de ello en la segunda parte de estas crónicas de un curso de verano.

jueves, 27 de mayo de 2010

De Cadenas Alimenticias

En Guadalajara (mi bella Guadalajara), capital del estado mexicano de Jalisco, el libertador Hidalgo, declaró, por primera vez en el nuevo continente, la abolición de la esclavitud. En el siglo XIX, parecía que, por fin, el mundo se acercaba a una verdadera libertad. Una nueva nación americana enarbolaba la libertad como el valor más importante; los reyes y la Iglesia perdían poder; las ideas de la Ilustración se oían por doquier. Además, un proceso de globalización iniciado por la revolución industrial, el carbón, los trenes y el barco de vapor, creaba nuevos mercados globales. Más aún, el flujo de capitales representaba un mayor porcentaje del PIB de varios países que aún el día de hoy (con todo y las modernísimas transferencias vía electrónica). Parecía que el ser humano se liberaba del yugo de los poderosos -así autodeclarados y tolerados por los demás- alcanzando, además, un verdadero mercado libre que no tardó en dejar beneficios para todos (recordemos que un intercambio de bienes o servicios siempre aumenta la utilidad de ambas partes: oferente y demandante). Pero todo esto desapareció: tras la primera guerra mundial, aunada a la Gran Depresión y el segundo episodio de la guerra, los gobiernos volvieron a tomar ese papel opresor que antes ocupasen los reyes. Se dio, entonces, la nueva bienvenida al intervencionismo, a la "economía planeada" -como si eso fuese posible-, a la injererncia del Estado en todo detalle de nuestra vida. Lo peor es que esto se agrava más cada día, los Chávez están en todos lados. Obama con un gran déficit pretendiendo "rescatar" la economía -como si eso fuese posible- con más dólares y endeudamiento mientras financia un plan de salud difícilmente sostenible en el largo plazo, por no decir injusto por el simple hecho de redistribuir la riqueza. Países con balances deficitarios que están poniendo muy nerviosos a sus acreedores. Merkel prohibiendo las ventas en corto. El gobierno mexicano diciendo a los niños qué comer y qué no. Lejos queda ya lo que pudo llegar a ser el inicio de la verdadera libertad.

Ahora resulta que papá gobierno va a decir a nuestros niños qué pueden comer y qué no. El poder ejeuctivo del gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría de Salud, ha comenzado a trabajar en los detalles de una nueva regulación que determinará qué productos podrán vender las tienditas de las escuelas. Toda aquella institución educativa de nivel preescolar, primaria y secundaria deberá acatar estas medidas. Refrescos, papitas y demás frituras, entre otros productos, quedarán en la lista de los prohibidos. Todo esto lo hacen para "combatir los altos índices de obesidad que hay en el país". Es decir, para cuidarnos, qué tiernos ¿no? ¿Pero es qué que nos creen los gobernantes? ¿Acaso creen que somos estúpidos? ¿Quién le pidió al gobierno que nos cuide de todo mal, incluso de aquel que, de manera voluntaria y en ejercicio de nuestro derecho natural e inalienable a la libertad, decidimos realizarnos a nosotros mismos? ¿Que no entienden que somos seres libres? ¿Que habrá de aquel niño que de manera consciente compra una bolsa de papitas cada tercer día y que no tiene problemas de obesidad por desempeñar 2 deportes de alto rendimiento por las tardes? ¿Que habrá de aquel niño que, conociendo los efectos nocivos de un alto consumo de carbohidratos, en pleno ejercicio de su libre albedrío, decide consumir dos bolsas de Doritos en cada receso por percibir mayor utilidad en ello que en dejar de hacerlo? ¿Quién encomendó al gobierno para cuidarnos de aquellos daños que nos ocasionamos a nosotros mismos?

La única labor del gobierno debe de ser, a cambio de una parte de nuestro trabajo (impuestos), garantizar la existencia de leyes justas y equitativas que garanticen los derechos naturales del hombre a la vida, la libertad y la propiedad, así como de un sistema judicial eficiente y efectivo que respalde dichas leyes. Cuidado, he dicho derechos y no obligaciones. El gobierno no debe de estar obligándonos a hacer tal o cual, excepto cumplir con el pago de nuestros impuestos -a cambio de la garantía de que si alguien atentará contra nuestra vida, libertad o propiedad, ese alguien recibirá un castigo y nosotros el resarcimiento del daño. El contrato social es ese, nosotros estamos dispuestos a otorgar una parte de nuestro trabajo al gobierno, a cambio de la seguridad de que el prójimo no nos podrá hacer daño y, en caso de hacerlo, recibirá su merecido y nosotros una compensación.

Pero, si nosotros mismos (insisto: ¡en pleno ejercicio de nuestra libertad!), decidimos hacernos daño, destruir nuestra propiedad o quitarnos la vida, ¿el gobierno debe prohíbirnoslo? ¡Claro que no! Entonces, ¿por qué permitimos que el gobierno nos esclavice y nos diga qué podemos comer y qué no? ¿Como es posible que la mayoría de los mexicanos no se den cuenta de esto y, al contrario, aplaudan las medidas gubernamentales pues "cuidan a sus niños"? ¿Es que esos mexicanos sí quieren que el gobierno gobierne todos los aspectos de sus vidas? ¿Es que son demasiado mediocres y flojos como para encargarse de sus propios asuntos y, por lo tanto, más aún para encargarse de la formación de sus hijos? ¿Serán esos los mismos mexicanos que, de estar en sus posibilidades, estarían encantados de ocupar un puesto laboral burocrático garantizado, subiéndose al barco que los demás pagamos con nuestro trabajo? A esos estúpidos son a los que el economista italiano Carlo M. Cipolla sugería mantener al margen, no asociarse con ellos y evitar formasen parte del proceso de toma de decisiones de la Nación. La pregunta del millón, estimado lector, ¿habrá que mantenerlos al margen o intentar hacer que dejen de ser estúpidos? Yo me inclino por la segunda opción, yendo en contra de la cuarta ley de la estupidez que asegura que las personas no-estúpidas siempre subestiman el potencial dañino de la gente estúpida, olvidando que, en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, asociarse con individuos estúpidos constituye invariablemente un error costoso; así como en contra de la primera ley que establece que siempre subestimamos el número de estúpidos en circulación. Por algo este blog se llama "Ideas Guajiras", mi querido y paciente lector, pero, por lo pronto, habrá que buscar la manera de quitarnos estas cadenas alimenticias, yo quiero que mis futuros hijos sí puedan elegir entre una amplia gama de productos (que incluya Coca-Cola con extra azúcar y papas fritas de baja calidad con extra grasa y bien, pero bien, bien saladas).

Bonus: Una más del PRD, Navarrete y Ortega se contradicen mientras el presunto delincuente comienza a ser juzgado, parece ser que el olor a porquería atrae a los puercos (pobres cerdos, ellos qué tienen la culpa).

jueves, 20 de mayo de 2010

El Establishment Mexicano

Me preocupa, aunque todavía no me ocupa, el pensamiento colectivo del mexicano. No puedo evitar darme cuenta de lo grave del problema nacional. Una aplastante mayoría de mexicanos es parte del Establishment Mexicano: en salario cuando se trata de un burócrata, en aspiraciones cuando se trata de un político, en hechos cuando se trata de los "trabajadores" sindicalizados, en mediocridad cuando se trata de un mexicano que está esperando a que llegue el mesías. El mexicano -recordemos que estoy generalizando-, en todos sus niveles, depende del Estado. Sí, deje lo explico con más detalle. Los políticos saben que son el lastre que detiene al país y que, por ellos, la economía no ha podido crecer a los niveles que lo haría en un entorno de verdadera libertad económica. No sólo son un sobrepeso porque han dejado de realizar los cambios que el país pide a gritos, sino porque, en realidad, no debería de existir un Estado de las dimensiones del mexicano. A donde volteemos hay presencia del gobierno. Es más, el gobierno debería únicamente encargarse de asegurar un marco jurídico justo, basado en la libertad e igualdad y de garantizar una correcta administración de la justicia, cuidando los derechos naturales a la libertad, la vida y la propiedad. Qué lejos estamos de algo parecido. Hagamos un breve ejercicio mental:

Usted es un ejecutivo que trabaja en un banco. Así es, la institución financiera le paga un salario fijo muy bajo, pero usted tiene el potencial de obtener buenas comisiones según el cumplimiento de sus metas de colocación y captación. Usted se esfuerza día a día por obtener el ingreso que cree lo ayuda a satisfacer sus necesidades, claro, dentro de un margen de ingreso limitado, dado su puesto dentro de la empresa. Lleva 13 años casado y tiene 2 hijas, de 11 y 6 años. Ambas van a una escuela pública. Hoy es jueves por la mañana, cuando usted va a dejarlas a la escuela, antes de ir a la oficina, se encontrará con una escuela en condiciones deplorables, con maestros mediocres que van a dar las clases sin estusiasmo alguno y, más importante aún, sin incentivo alguno por hacer mejor su trabajo. Así es, ese "trabajador" tiene garantizada su plaza con un contrato colectivo. Sabe que no pueden liquidarlo del trabajo a menos que haga algo incorrecto -por las conquistas de su sindicato-, por lo tanto, el buen maestro no se preocupa, a diferencia de usted, de la posible llegada de alguien que haga su trabajo mejor que él. Cómodamente dará sus clases y verá como pasan los años, donde irá ascendiendo de posición "cuando le toque" para, finalmente, obtener una pensión por un monto superior al de un empleado que no pertenezca a dicho sindicato. No olvidemos que la escuela está en condiciones de cuasiabandono pero, ¿y todos los impuestos que van a educación? Usted se queda pensando en esto mientras maneja y se acuerda de que, de cada 2 pesos asignados a educación, 1 se queda en el camino a la escuela. Así es, la burocracia educativa (SEP) devora ese otro peso antes de que impacte a las escuelas. Ese burócrata tampoco se preocupará por su empleo, por hacerlo bien o por satisfacer plenamente a sus clientes (en este caso los estudiantes), a diferencia -¿de quién cree?- de usted. Finalmente, usted llega a su oficina, donde trabaja 9 horas seguidas, atendiendo a sus clientes de la mejor manera posible, ofreciéndoles soluciones eficientes a sus necesidades financieras, cuidando su relación con ellos pues -usted piensa- de ellos depende su trabajo, la obtención de su ingreso y, por ende, la satisfacción de sus necesidades y las de su familia. Al salir del trabajo, se dirige a su automóvil y se da cuenta que, al carro de al lado (¡qué bueno que al suyo no!) le robaron los 2 espejos. Mientras conduce en dirección a su casa, va pensando en la mala suerte del que se estacionó a su lado y de que, probablemente, aún cuando presente una denuncia, jamás le será resarcido el daño y, mucho menos, castigado el delincuente. Una vez más usted se pone a pensar qué pasará con todos los impuestos que usted paga (quincena a quincena) y, de los cuales, el 5% se va a seguridad. ¿Dónde quedará ese dinero? Pues sí se gasta, pero se gasta mal, ineficientemente pues el objetivo principal de garantizar la seguridad y que el prójimo no nos pueda hacer daño -y si lo hiciese sea castigado y el daño reparado- no es cumplido. Después de enfrentarse al tráfico de la hora pico llega a su casa, toma una cerveza para relajarse, se sienta frente al televisor, lo enciende y se encuentra con una escena patética. Únicamente 2 televisoras que ofrecen la misma información. "¿Y el gobierno?" se pregunta usted. La respuesta es "bien, gracias". Usted se da cuenta de lo incapaz que ha sido el gobierno en eliminar las fronteras que inhiben la competencia y la entrada de nuevos jugadores en los mercados (ojo, no se trata de que el gobierno elimine los monopolios castigándolos, sino de que las reglas del juego sean de absoluta libertad e iguales para todos). Se da cuenta de que esto va en perjuicio único del consumidor y alcanza a notar que, de haber plena libertad económica, los mercados serían más eficientes, reduciendo los precios al consumidor y elevando su bienestar total. "Debería de ser tal y como nos pasa en el banco, mis clientes cada vez tienen más ofertas, ahora hasta a las SOFOMS les tengo que andar compitiendo" reflexiona usted. Después de este pensamiento, escucha una noticia en el televisor sobre los resultados electorales en Yucatán. ¿Alguna vez se había dado cuenta de cuánta gente anda ahí en los mítines? ¿Verdad que es mucha gente? ¿A poco usted estaría dispuesto a ir a uno de ellos para apoyar alguno de los gobernantes que le han tocado hasta hoy? Usted responde con un rotundo "no, mejor me quedo en mi casa a descansar". Entonces, se da cuenta de que andan ahí porque, también ellos, viven de los impuestos que usted y otros pagamos. Así es, celebran que podrán extraer ingreso de los ciudadanos que, honestamente y en base a su esfuerzo, obtienen dinero a cambio de su trabajo (libremente competido) para, después, repartirlo entre ellos mismos, y, si acaso, transferir una parte a los "pobres" o a las diferentes "causas sociales" para verse bien y, a la vez, garantizar que su partido permanezca en el poder otros cuantos años y, así, fijar sus rentas. Decide irse a dormir y no pensar en estas cosas, total, mañana será un día difícil en la oficina pues recibirá a uno de sus clientes, para renegociar un crédito, y tendrá que estar fresco y centrado para retenerlo y evitar se vaya con la competencia.

Ese es México, ese es el Establishment Mexicano: un grupo grandísimo de mexicanos que se ha apoderado y aprovechado sistemáticamente de los demás, eso sí, con todas las de la ley. Ah, qué bien estaría México sin un gobierno tan gordo, tan estorboso, sin políticos tan aprovechados, devorapresupuestos, que lucran de la pobreza y se las dan de magnánimos. Pero, ¿qué no el gobierno y los políticos somos nosotros mismos? ¿Qué no somos nosotros mismos, los mexicanos, los que buscamos morder lo que se pueda de presupuesto? Entonces, qué bien estaría México sin... ¿mexicanos?

viernes, 29 de enero de 2010

De Sexualidad y Derechos

La reciente reforma al código civil del Distrito Federal, que elimina el concepto de "mujer y hombre" del articulado sobre el matrimonio, ha sido un tema polémico durante las últimas semanas. Al retirarse dicho concepto de la ley, en automático se permite contraer matrimonio civil a personas del mismo sexo y a adoptar infantes. Es decir, se permite a los homosexuales unirse en matrimonio y participar en el proceso de adopción de menores. Rápidamente la Iglesia Católica, acompañada de muchas otras, se ha opuesto a estos cambios. De la misma manera, muchas esferas intelectuales se han manifestado totalmente a favor de esta ampliación (homologación) de los derechos de las personas con diferente preferencia sexual. A raíz de estos temas, he reflexionado profundamente sobre lo correcto o incorrecto de los cambios. Por tratarse de un tema moral (deseable/indeseable, correcto/incorrecto) no habrá coincidencias plenas con el lector de este espacio. Del mismo modo, manifiesto que me ha sido difícil determinar una postura personal, quizás por el gran peso de la educación recibida y de mi entorno familiar profundamente católico y dogmático. Sin embargo, les aseguro que lo he hecho de la manera más objetiva y justa posible, siempre basado en la equidad.

La palabra matrimonio viene del latín matrimonium (matrem-madre y monium-calidad de). El matrimonio se refiere a la unión entre hombre y mujer donde existe la calidad de madre, es decir, donde la mujer procrea. Eso en el sentido más estricto de la palabra. Sin embargo, nuestra sociedad global ha reconocido el matrimonio como la unión entre hombre y mujer, sustentado en la cooperación mutua para formar una familia. En principio, hablando de la ley que permite el matrimonio entre parejas del mismo sexo con el objetivo de compartir su vida en el mismo hogar, estoy totalmente de acuerdo. De hecho, la ley de sociedades de convivencia ya reconocía estos derechos plenamente. El fondo me parece 100% defendible. Todo ser  humano debe tener derecho a los mismos derechos que otro igual a él. La preferencia sexual no es un factor determinante (como la edad o la nacionalidad) para estar sujeto a legislación distinta dentro de un país. Una pequeña anotación sobre la forma -no el fondo-: creo que la palabra matrimonio, por su formación etimológica, no debería ser aplicada a estas sociedades de convivencia (término que me parece más adecuado pues hay que llamar a las cosas por su nombre). Esto habrán de resolverlo expertos juristas (si es que el asunto llega a la SCJN) y me parece de poca relevancia para nuestra discusión. Creo que cualquier persona que condene la unión voluntaria de dos seres libres, para compartir su vida -más allá de si esto se hace en un entorno de amor, respeto, conveniencia o violencia- es un intolerante y estúpido. Entonces, estoy plenamente de acuerdo con que todas las personas, sea cual sea su preferencia sexual, puedan formar un hogar en pareja (en el caso de homosexuales la palabra "pareja" aplica mejor que en los heterosexuales, ya que pareja significa "igual", "al mismo nivel"). Es más, es inteligente por parte del estado reconocer algo que ya existe y seguirá existiendo. Insisto en que estoy de acuerdo y que, quizás, es la forma (la palabra matrimonio) la que debería de ser revisada, aunque eso se vuelve relativamente irrelevante.

Pasemos a la adopción de menores. La naturaleza nos enseña que los seres pertenecientes al reino animal procrean a su descendencia mediante la unión de una célula femenina con una célula masculina. Macho y hembra se juntan para dar origen a una nueva vida de la misma especie. Los que han utilizado esto como argumento inicial, al decir que la adopción de un menor por parte de homosexuales es anti-natural, creo que no han razonado en lo siguiente: el ser humano, si bien perteneciente a la naturaleza, se distingue por tener cultura. Esto es, toda la carga de recuerdos, memorias, tradiciones, comportamientos y más de nuestros antecesores. Más aún, en el pleno ejercicio de nuestra libertad y razón, hemos creado instituciones y relaciones inexistentes en otras especies. No podemos limitarnos a un argumento como el "no es natural" cuando la mayoría de las cosas que hacemos como especie (creación de instituciones, leyes) no son "naturales". Creo que un argumento válido (pero de muy bajo peso) para oponerse a esta adopción es uno de mi propia cosecha: en un entorno familiar de hombre-mujer (padre-madre) el infante aprende cosas muy distintas de cada uno de ellos. Generalmente -hago hincapié en la palabra generalmente-, el padre transmite una sensación de fortaleza, protección, de pensamiento basado en la razón, de trabajo, de números, de hechos. Por el otro lado, generalmente, la madre transmite a sus hijos conceptos como religiosidad, amistad, cariño, cuidados, sensibilidad, emociones y dedicación. Creo firmemente que los cerebros de hombre y mujer funcionan de manera distinta. Esto no significa que un hombre no sea capaz de desarrollar un mejor entendimiento de sus emociones, ni que una mujer no pueda ser ingeniero. Son estereotipos que se han vuelto tales por una repetición innegable a lo largo del tiempo. Quizás de esto se puedan perder los niños adoptados por una pareja homosexual. ¿Y? Los hombres nacemos iguales y con 3 derechos naturales: a la vida, a la libertad y a la propiedad. El homosexual -al igual que el heterosexual- cuenta con esos derechos, ¿por qué el estado tendría derecho de limitar un proceso de adopción de un menor que no tiene a nadie más en el mundo? Creo que el estado no debe de limitar eso. En todo caso, si así lo considera, la sociedad en su conjunto podrá limitarlo a través del rechazo o desaprobación, pero no así el gobierno.

En temas de moral es difícil llegar a acuerdos unánimes (si no imposible), pero la libertad y la igualdad de los hombres ante la ley son principios fundamentales para la convivencia humana que no pueden ser coartados por creencias religiosas o el aprecio a la familia tradicional. El lector decidirá qué postura tomar. Yo sólo me encargo de presentar mis argumentos a favor de estas leyes. Insisto, un asunto son las leyes y otro muy personal es la forma de vivir de cada individuo. Por ahí escuché a una madre que decía "que puedan adoptar me parece bien, están en su libre derecho, pero el día de mañana que mi hijo me pida permiso para ir a comer a casa de su compañerito que vive con dos mamás, yo no lo dejaré". Una vez más, pleno ejercicio de la legítima libertad de los individuos. Lo que si no podemos permitir como sociedad es que haya leyes que hagan menos a unos que a otros, basándose en algo tan íntimo como la preferencia sexual. Pero si en asuntos tan evidentes como el fuero político permitimos la desigualdad ante la ley, cómo no hacerlo en asuntos más íntimos. Una más de mis ideas guajiras: que algun día todos los mexicanos seamos iguales ante la ley, que no haya ciudadanos de primera y de segunda (y de quinta).

Hoy es viernes, siempre es válido sustraerse por un momento de la agenda de trabajo y disfrutar un buen momento en compañía de mi novia, mis amigos y un buen whisky.

martes, 5 de enero de 2010

Anarcocapitalismo Empírico

Información del Institute for Global Economic Growth publicada recientemente por su presidente Richard W. Rahn muestra de manera empírica la relación inversa entre el crecimiento de la economía y el gasto gubernamental. Los datos son contundentes: a periodos de aumento en el gasto, corresponden caídas en el valor de mercado de los capitales (bolsa de valores). Por ejemplo entre 1965 y 1982 el gasto aumentó 6.5% del PIB (E.U.A.) mientras que el mercado de valores cayó en 55%. Por el contrario, en el periodo que va de 1982 a 2000, el gasto disminuyó 4.6% del PIB de nuestro vecino del norte, con un aumento de 579% en la bolsa. En lo que va del siglo XXI el gasto ha aumentado en 9.7% mientras que la bolsa ha caído un 66%. El análisis se remonta a 1910, manteniéndose constante esta relación. Es claro que el crecimiento económico -y la consecuente mejora de la calidad de vida de los ciudadanos (capaces)- no es compatible con el crecimiento del gobierno.

Lo que más me preocupa es que la política fiscal del Sr. Obama sigue sustentada en principios keynesianos obsoletos. Lo que más me alarma es que el Sr. Krugman siga vendiendo tantas copias de sus libros. Lo que más me alegra es que me haya encontrado con un maestro de la universidad que me instruyó leer a Krugman, de manera que me fue posible desechar casi todas sus ideas. Mi profesor de Finanzas Internacionales intentó enseñarnos las ideas de Keynes como verdad económica absoluta. Lo que él, Krugman, Obama y tantos más "economistas" no han entendido aún es que aumentar el gasto gubernamental se traduce en una pérdida de riqueza para los ciudadanos. Hipotecar el futuro de los ciudadanos libres es un ataque a las garantías individuales. Es precisamente esto lo que hacen los gobiernos al crecer, es decir, al incrementar el gasto (impuestos presentes y/o futuros). Uno de los errores más grandes del presidente Calderón ha sido precisamente este. Con el "seguro popular" y el crecimiento del programa "oportunidades" está quitándonos el futuro a los pocos mexicanos que estamos obligados a pagar impuestos (tantito peor). Y todavía tienen el descaro de alardear sobre el gasto histórico. En fin, mi idea guajira es que algún día las esferas de poder entiendan que la mejor manera de generar crecimiento económico es a través de un gobierno reducido que laisse faire. ¡Ah! La otra idea guajira implícita, de la que luego hablaré más, es que éstas mismas personas que ostentan el poder (todavía) algún día entiendan que la mejor manera de distribuir la riqueza es a través del libre mercado y la libre interacción de los agentes económicos. Hay suficiente sustento empírico para mis ideas, pero aún así las consideran guajiras, ¡válgame Dios!

¡Feliz año nuevo! (Para tener un feliz 2010 habré de centrarme en la familia, novia, amigos, así como diversiones varias y desarrollo personal, el entorno económico y político no podrá otorgarme ninguna alegría.)


* Con información de la Agencia Interamericana de Prensa Económica

lunes, 28 de diciembre de 2009

Economía para 5o de Primaria

El día de hoy nos despertamos con la noticia de un nuevo incremento al precio de la gasolina Magna. De estar en $7.77 el litro pasó a $7.80. Una semana antes había aumentado 5 centavos, pasando de $7.72 a $7.77. Estos incrementos -no programados- han suscitado gran "polémica" en los medios de comunicación y hasta el enojo de comunicadores y seguramente de uno que otro ciudadano. Esta "polémica" me genera una impotencia difícil de describir. El hecho de que la mayoría de los mexicanos siga reaccionando de manera negativa a estos aumentos me recuerda la nula educación en materia económica de los mexicanos y que continuamos viviendo bajo el modelo sociopolítico de la generación pasada: exigir y culpar de todo al gobierno.

La gasolina, como cualquier otro bien, es adquirida por los agentes económicos -de manera libre- cuando los individuos (u organizaciones) perciben una mayor utilidad por dicho bien que por los billetes en su cartera. Siendo más estrictos, lo que realmente está en juego es el costo de oportunidad. Cuando yo gasto $7.80 en un litro de magna, considero que es mejor gastar ese dinero en canjearlo por ese bien que guardar el dinero bajo la cama, dárselo a mi hijo para que compre dulces, invertirlo en acciones de Homex o gastarlo en una bolsa de Sabritas. Estoy renunciando a todas esas opciones por que percibo mayor utilidad en el litro de gasolina que en la felicidad momentánea de mi hijo al consumir dulces. Así funciona la demanda. En una economía de mercado, la oferta responde a la demanda. Si el precio de $7.80 es muy alto, probablemente alguien con el capital y la determinación suficientes, buscará la manera para producir su propia gasolina y venderla unos centavos más barata, con el fin de atraer mercado. Cualquier persona con un curso básico de economía entenderá que estamos hablando de las leyes de la oferta y la demanda. Desgraciadamente, en el caso de la venta de gasolina en nuestro país, es imposible regirse por dichas leyes. PEMEX es el único autorizado (por la Constitución) a explotar el petróleo, transformarlo en gasolina y venderla a los mexicanos. A las personas que no logren entender que esto, en lugar de generar un beneficio para el país, representa ineficiencia en la asignación de recursos, una economía menos activa y, finalmente, una injusticia para todos los mexicanos, les recomiendo tomar un curso de economía básica (¿habrá 'Economics for dummies'?).

Incluso para los que no entiendan esto, aquí va un argumento más de porque siento esa frustración y preocupación al escuchar "quejas" contra el aumento. Las personas que consumen gasolina son aquellas que poseen un auto, además de todas las organizaciones y personas con necesidades de transporte. Toda aquella persona que no gasta en gasolina de manera directa, aunque podría sentir un impacto en su bolsillo por un incremento en otros precios -costo del boleto de camión, por ejemplo-, no se verá afectada de manera importante. En México, el precio de la gasolina no es real (en E.U.A. el precio de la gasolina equivalente a la Magna es de $8.82, en Canadá de $11.78). Está subsidiado por el gobierno. En el último presupuesto de ingresos, el rubro Gasolinas, aparece negativo. Es decir, el gobierno gastará una importante suma de dinero en su afán de mantener el precio bajo. Ese dinero proviene de todos y cada uno de los contribuyentes. Imaginemos que yo no poseo un automóvil, de hecho, tampoco utilizo el autobús pues mi trabajo está a una cuadra de mi casa. Yo pago mis impuestos puntualmente (no tengo de otra). Yo, de manera involuntaria, estoy dando -transfiriendo, regalando- dinero a mi vecino ricachón, poseedor de una flamante Hummer del año, de manera constante (cada que va a cargar combustible). Más aún, el obrero de la fábrica EQUIS, quien gana 2 salarios mínimos, también está dándole dinero a ese ricachón (aunque no pague ISR directamente, finalmente paga IVA). ¿Es esto justo?

Lo justo sería que el precio estuviera alineado a la realidad y no hubiese necesidad de otorgar ningún subsidio. De hecho, si de justicia hablamos, lo justo sería que los mexicanos tuvieramos la opción a ELEGIR a quién comprarle la gasolina. Es decir, que la oferta fuera dada por el mercado y no de manera unilateral por el gobierno. Es decir, que se privatice la industria petrolera nacional. Una más de mis ideas guajiras. Ah, por cierto, la idea guajira original es un poquito menos ambiciosa: que se incluyan 2 páginas explicando las leyes de la oferta y la demanda en algún libro de texto gratuito de quinto de primaria. ¿Leerá este blog el Sr. Lujambio?