viernes, 29 de enero de 2010

De Sexualidad y Derechos

La reciente reforma al código civil del Distrito Federal, que elimina el concepto de "mujer y hombre" del articulado sobre el matrimonio, ha sido un tema polémico durante las últimas semanas. Al retirarse dicho concepto de la ley, en automático se permite contraer matrimonio civil a personas del mismo sexo y a adoptar infantes. Es decir, se permite a los homosexuales unirse en matrimonio y participar en el proceso de adopción de menores. Rápidamente la Iglesia Católica, acompañada de muchas otras, se ha opuesto a estos cambios. De la misma manera, muchas esferas intelectuales se han manifestado totalmente a favor de esta ampliación (homologación) de los derechos de las personas con diferente preferencia sexual. A raíz de estos temas, he reflexionado profundamente sobre lo correcto o incorrecto de los cambios. Por tratarse de un tema moral (deseable/indeseable, correcto/incorrecto) no habrá coincidencias plenas con el lector de este espacio. Del mismo modo, manifiesto que me ha sido difícil determinar una postura personal, quizás por el gran peso de la educación recibida y de mi entorno familiar profundamente católico y dogmático. Sin embargo, les aseguro que lo he hecho de la manera más objetiva y justa posible, siempre basado en la equidad.

La palabra matrimonio viene del latín matrimonium (matrem-madre y monium-calidad de). El matrimonio se refiere a la unión entre hombre y mujer donde existe la calidad de madre, es decir, donde la mujer procrea. Eso en el sentido más estricto de la palabra. Sin embargo, nuestra sociedad global ha reconocido el matrimonio como la unión entre hombre y mujer, sustentado en la cooperación mutua para formar una familia. En principio, hablando de la ley que permite el matrimonio entre parejas del mismo sexo con el objetivo de compartir su vida en el mismo hogar, estoy totalmente de acuerdo. De hecho, la ley de sociedades de convivencia ya reconocía estos derechos plenamente. El fondo me parece 100% defendible. Todo ser  humano debe tener derecho a los mismos derechos que otro igual a él. La preferencia sexual no es un factor determinante (como la edad o la nacionalidad) para estar sujeto a legislación distinta dentro de un país. Una pequeña anotación sobre la forma -no el fondo-: creo que la palabra matrimonio, por su formación etimológica, no debería ser aplicada a estas sociedades de convivencia (término que me parece más adecuado pues hay que llamar a las cosas por su nombre). Esto habrán de resolverlo expertos juristas (si es que el asunto llega a la SCJN) y me parece de poca relevancia para nuestra discusión. Creo que cualquier persona que condene la unión voluntaria de dos seres libres, para compartir su vida -más allá de si esto se hace en un entorno de amor, respeto, conveniencia o violencia- es un intolerante y estúpido. Entonces, estoy plenamente de acuerdo con que todas las personas, sea cual sea su preferencia sexual, puedan formar un hogar en pareja (en el caso de homosexuales la palabra "pareja" aplica mejor que en los heterosexuales, ya que pareja significa "igual", "al mismo nivel"). Es más, es inteligente por parte del estado reconocer algo que ya existe y seguirá existiendo. Insisto en que estoy de acuerdo y que, quizás, es la forma (la palabra matrimonio) la que debería de ser revisada, aunque eso se vuelve relativamente irrelevante.

Pasemos a la adopción de menores. La naturaleza nos enseña que los seres pertenecientes al reino animal procrean a su descendencia mediante la unión de una célula femenina con una célula masculina. Macho y hembra se juntan para dar origen a una nueva vida de la misma especie. Los que han utilizado esto como argumento inicial, al decir que la adopción de un menor por parte de homosexuales es anti-natural, creo que no han razonado en lo siguiente: el ser humano, si bien perteneciente a la naturaleza, se distingue por tener cultura. Esto es, toda la carga de recuerdos, memorias, tradiciones, comportamientos y más de nuestros antecesores. Más aún, en el pleno ejercicio de nuestra libertad y razón, hemos creado instituciones y relaciones inexistentes en otras especies. No podemos limitarnos a un argumento como el "no es natural" cuando la mayoría de las cosas que hacemos como especie (creación de instituciones, leyes) no son "naturales". Creo que un argumento válido (pero de muy bajo peso) para oponerse a esta adopción es uno de mi propia cosecha: en un entorno familiar de hombre-mujer (padre-madre) el infante aprende cosas muy distintas de cada uno de ellos. Generalmente -hago hincapié en la palabra generalmente-, el padre transmite una sensación de fortaleza, protección, de pensamiento basado en la razón, de trabajo, de números, de hechos. Por el otro lado, generalmente, la madre transmite a sus hijos conceptos como religiosidad, amistad, cariño, cuidados, sensibilidad, emociones y dedicación. Creo firmemente que los cerebros de hombre y mujer funcionan de manera distinta. Esto no significa que un hombre no sea capaz de desarrollar un mejor entendimiento de sus emociones, ni que una mujer no pueda ser ingeniero. Son estereotipos que se han vuelto tales por una repetición innegable a lo largo del tiempo. Quizás de esto se puedan perder los niños adoptados por una pareja homosexual. ¿Y? Los hombres nacemos iguales y con 3 derechos naturales: a la vida, a la libertad y a la propiedad. El homosexual -al igual que el heterosexual- cuenta con esos derechos, ¿por qué el estado tendría derecho de limitar un proceso de adopción de un menor que no tiene a nadie más en el mundo? Creo que el estado no debe de limitar eso. En todo caso, si así lo considera, la sociedad en su conjunto podrá limitarlo a través del rechazo o desaprobación, pero no así el gobierno.

En temas de moral es difícil llegar a acuerdos unánimes (si no imposible), pero la libertad y la igualdad de los hombres ante la ley son principios fundamentales para la convivencia humana que no pueden ser coartados por creencias religiosas o el aprecio a la familia tradicional. El lector decidirá qué postura tomar. Yo sólo me encargo de presentar mis argumentos a favor de estas leyes. Insisto, un asunto son las leyes y otro muy personal es la forma de vivir de cada individuo. Por ahí escuché a una madre que decía "que puedan adoptar me parece bien, están en su libre derecho, pero el día de mañana que mi hijo me pida permiso para ir a comer a casa de su compañerito que vive con dos mamás, yo no lo dejaré". Una vez más, pleno ejercicio de la legítima libertad de los individuos. Lo que si no podemos permitir como sociedad es que haya leyes que hagan menos a unos que a otros, basándose en algo tan íntimo como la preferencia sexual. Pero si en asuntos tan evidentes como el fuero político permitimos la desigualdad ante la ley, cómo no hacerlo en asuntos más íntimos. Una más de mis ideas guajiras: que algun día todos los mexicanos seamos iguales ante la ley, que no haya ciudadanos de primera y de segunda (y de quinta).

Hoy es viernes, siempre es válido sustraerse por un momento de la agenda de trabajo y disfrutar un buen momento en compañía de mi novia, mis amigos y un buen whisky.

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