En Guadalajara (mi bella Guadalajara), capital del estado mexicano de Jalisco, el libertador Hidalgo, declaró, por primera vez en el nuevo continente, la abolición de la esclavitud. En el siglo XIX, parecía que, por fin, el mundo se acercaba a una verdadera libertad. Una nueva nación americana enarbolaba la libertad como el valor más importante; los reyes y la Iglesia perdían poder; las ideas de la Ilustración se oían por doquier. Además, un proceso de globalización iniciado por la revolución industrial, el carbón, los trenes y el barco de vapor, creaba nuevos mercados globales. Más aún, el flujo de capitales representaba un mayor porcentaje del PIB de varios países que aún el día de hoy (con todo y las modernísimas transferencias vía electrónica). Parecía que el ser humano se liberaba del yugo de los poderosos -así autodeclarados y tolerados por los demás- alcanzando, además, un verdadero mercado libre que no tardó en dejar beneficios para todos (recordemos que un intercambio de bienes o servicios siempre aumenta la utilidad de ambas partes: oferente y demandante). Pero todo esto desapareció: tras la primera guerra mundial, aunada a la Gran Depresión y el segundo episodio de la guerra, los gobiernos volvieron a tomar ese papel opresor que antes ocupasen los reyes. Se dio, entonces, la nueva bienvenida al intervencionismo, a la "economía planeada" -como si eso fuese posible-, a la injererncia del Estado en todo detalle de nuestra vida. Lo peor es que esto se agrava más cada día, los Chávez están en todos lados. Obama con un gran déficit pretendiendo "rescatar" la economía -como si eso fuese posible- con más dólares y endeudamiento mientras financia un plan de salud difícilmente sostenible en el largo plazo, por no decir injusto por el simple hecho de redistribuir la riqueza. Países con balances deficitarios que están poniendo muy nerviosos a sus acreedores. Merkel prohibiendo las ventas en corto. El gobierno mexicano diciendo a los niños qué comer y qué no. Lejos queda ya lo que pudo llegar a ser el inicio de la verdadera libertad.
Ahora resulta que papá gobierno va a decir a nuestros niños qué pueden comer y qué no. El poder ejeuctivo del gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría de Salud, ha comenzado a trabajar en los detalles de una nueva regulación que determinará qué productos podrán vender las tienditas de las escuelas. Toda aquella institución educativa de nivel preescolar, primaria y secundaria deberá acatar estas medidas. Refrescos, papitas y demás frituras, entre otros productos, quedarán en la lista de los prohibidos. Todo esto lo hacen para "combatir los altos índices de obesidad que hay en el país". Es decir, para cuidarnos, qué tiernos ¿no? ¿Pero es qué que nos creen los gobernantes? ¿Acaso creen que somos estúpidos? ¿Quién le pidió al gobierno que nos cuide de todo mal, incluso de aquel que, de manera voluntaria y en ejercicio de nuestro derecho natural e inalienable a la libertad, decidimos realizarnos a nosotros mismos? ¿Que no entienden que somos seres libres? ¿Que habrá de aquel niño que de manera consciente compra una bolsa de papitas cada tercer día y que no tiene problemas de obesidad por desempeñar 2 deportes de alto rendimiento por las tardes? ¿Que habrá de aquel niño que, conociendo los efectos nocivos de un alto consumo de carbohidratos, en pleno ejercicio de su libre albedrío, decide consumir dos bolsas de Doritos en cada receso por percibir mayor utilidad en ello que en dejar de hacerlo? ¿Quién encomendó al gobierno para cuidarnos de aquellos daños que nos ocasionamos a nosotros mismos?
La única labor del gobierno debe de ser, a cambio de una parte de nuestro trabajo (impuestos), garantizar la existencia de leyes justas y equitativas que garanticen los derechos naturales del hombre a la vida, la libertad y la propiedad, así como de un sistema judicial eficiente y efectivo que respalde dichas leyes. Cuidado, he dicho derechos y no obligaciones. El gobierno no debe de estar obligándonos a hacer tal o cual, excepto cumplir con el pago de nuestros impuestos -a cambio de la garantía de que si alguien atentará contra nuestra vida, libertad o propiedad, ese alguien recibirá un castigo y nosotros el resarcimiento del daño. El contrato social es ese, nosotros estamos dispuestos a otorgar una parte de nuestro trabajo al gobierno, a cambio de la seguridad de que el prójimo no nos podrá hacer daño y, en caso de hacerlo, recibirá su merecido y nosotros una compensación.
Pero, si nosotros mismos (insisto: ¡en pleno ejercicio de nuestra libertad!), decidimos hacernos daño, destruir nuestra propiedad o quitarnos la vida, ¿el gobierno debe prohíbirnoslo? ¡Claro que no! Entonces, ¿por qué permitimos que el gobierno nos esclavice y nos diga qué podemos comer y qué no? ¿Como es posible que la mayoría de los mexicanos no se den cuenta de esto y, al contrario, aplaudan las medidas gubernamentales pues "cuidan a sus niños"? ¿Es que esos mexicanos sí quieren que el gobierno gobierne todos los aspectos de sus vidas? ¿Es que son demasiado mediocres y flojos como para encargarse de sus propios asuntos y, por lo tanto, más aún para encargarse de la formación de sus hijos? ¿Serán esos los mismos mexicanos que, de estar en sus posibilidades, estarían encantados de ocupar un puesto laboral burocrático garantizado, subiéndose al barco que los demás pagamos con nuestro trabajo? A esos estúpidos son a los que el economista italiano Carlo M. Cipolla sugería mantener al margen, no asociarse con ellos y evitar formasen parte del proceso de toma de decisiones de la Nación. La pregunta del millón, estimado lector, ¿habrá que mantenerlos al margen o intentar hacer que dejen de ser estúpidos? Yo me inclino por la segunda opción, yendo en contra de la cuarta ley de la estupidez que asegura que las personas no-estúpidas siempre subestiman el potencial dañino de la gente estúpida, olvidando que, en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, asociarse con individuos estúpidos constituye invariablemente un error costoso; así como en contra de la primera ley que establece que siempre subestimamos el número de estúpidos en circulación. Por algo este blog se llama "Ideas Guajiras", mi querido y paciente lector, pero, por lo pronto, habrá que buscar la manera de quitarnos estas cadenas alimenticias, yo quiero que mis futuros hijos sí puedan elegir entre una amplia gama de productos (que incluya Coca-Cola con extra azúcar y papas fritas de baja calidad con extra grasa y bien, pero bien, bien saladas).
Bonus: Una más del PRD, Navarrete y Ortega se contradicen mientras el presunto delincuente comienza a ser juzgado, parece ser que el olor a porquería atrae a los puercos (pobres cerdos, ellos qué tienen la culpa).
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